CEMENTERIO SACRAMENTAL

Desde el surgimiento de la ciudad de Madrid los enterramientos se efectuaban en pequeñas necrópolis incluídas en el espacio urbanístico de las ciudades. En el siglo XIII, Afonso X introdujo la costumbre de emplazar a los fallecidos en el interior de las iglesias. El papa Julio III, estableció las Hermandades Sacramentales que se atribuían a cada una de las parroquias repartidas por la ciudad.Las sepulturas civiles se disponían jerárquicamente más menos lejos del altar según su influencia socioeconómica y sus aportaciones monetarias a las Instituciones Eclesiásticas. Y así en la Villa se sucedieron los siglos, y con ellos epidemias, diezmando la población a la vez que se ampliaban más y más sus lindes. En esta danza macabra, aparecieron los denominados Cementerios Parroquiales, incluidos en el recinto de las Iglesias (en zonas ajardinadas o frente a la entrada principal), con el fin de acoger una mayor cantidad de cadáveres, ya que se creía que cuanto más alejado fuera el lugar destinado al descanso eterno de las Iglesias más lo sería el alma de Dios. Sólo quedan cuatro: San Andrés, San Ginés, San Sebastián y San Luis. Pero como he mencionado, el volumen de decesos se igualaba al crecimiento de la población y por tanto, el espacio de enterramiento se vaciaba periódicamente depositando los restos óseos en un osario parroquial dedicado a estos “Pobres en Solemnidad” y reduciendo los restos cadavéricos. Por supuesto, se perpetuaron los enterramientos en el interior de los templos entre las élites, que aparecen documentados en los Libros de Difuntos. A continuación, se aprecia esta estratificación y la trascendencia puesta en el lugar elegido para el sueño eterno.

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